Meditar, para las tradiciones orientales, no es poner la mente en blanco sino que por el contrario, es dejarnos estar en perfecta calma para poder observarnos a nosotros mismos. Es la experiencia de observar e investigar nuestro cuerpo y nuestra mente sin juzgarlos. Por eso, meditar significa que dejamos surgir libremente y con curiosidad lo que somos sin interferir en ello estando en paz con la vida misma. 

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